martes, 14 de abril de 2015

Toulouse - Carcassonne - Etapa 1

Tras pasar nuestra primera noche en tierras francesas, afrontamos nuestra primera jornada completa en Toulouse por la mañana, con un tiempo no muy apacible...

Después desayunar en la habitación con la pequeña e informarnos hacia donde estaba el centro (izquierda o derecha al salir?), emprendimos el trayecto a pie.

Nada más comenzar a caminar ya pudimos observar la arquitectura que es habitual en esta ciudad, conocida como la Ciudad Rosa por su multitud de edificios construidos con ladrillos vistos.



De camino a la Oficina de Turismo, situada justo detrás del ayuntamiento, continuamos el paseo cruzando los dedos para que no nos lloviera (no funcionó). El trayecto hasta nuestro primer destino desde el hotel fue de unos 20 minutos caminando a paso tranquilo y peleándonos por mover el cochecito; obras (sí, obras en la calle!!), adoquines y agujeros varios dificultaban nuestro avance (qué mal acostumbrados estábamos); podríamos haber cogido el metro (había una estación bastante cerca del hotel), pero no nos importa caminar, se ve más el día a día de los sitios!



Tras visitar la oficina de turismo, que es el edificio más antiguo del Capitolio y que en su día fue una antigua mazmorra y sede de los archivos municipales, nos dirigimos a visitar la plaza del Capitolio y el edificio más imponente que tiene la Ciudad y que actualmente es la sede del Ayuntamiento.



La plaza, presidida por el imponente edificio, está bordeada por multitud de cafeterías, restaurantes y en su centro hay una inmensa cruz occitana de, nada más y nada menos, 18 metros. Se puede disfrutar de esta vista desde una de las ventanas del ayuntamiento.

En el lado opuesto del ayuntamiento se encuentra un edificio que tiene los techos de los soportales decorados con diferentes motivos de los personajes históricos de la ciudad de un modo bastante curioso.


Tras pasear un poco por el entorno de la plaza procedimos a entrar en el Capitolio. Se trata de una visita gratuita totalmente imprescindible si se está en la ciudad. En nuestro caso no accedimos por el lugar habitual de las visitas al ir con cochecito de bebé. En lugar de eso, nos invitaron a utilizar el ascensor de una parte de oficinas. Fue bastante curioso porque pasamos por algunas salas no destinadas a las visitas; el personal que nos atendió fue realmente amable. La visita no es guiada, así que tiramos un poco de información de la guía y de algunos panfletos promocionales que pudimos coger.

Básicamente se visitan tres salas: La Sala Gervais, la Sala Henry-Martin y la Sala de los Ilustres, que es la más impresionante de las tres.

La primera de ellas está decorada con pinturas en el techo y en las paredes, la Henry-Martin tiene unos cuadros grandiosos en sus paredes y, ya por último, la Sala de los Ilustres, con sus techos abovedados es la más impresionante de todas. Aquí es donde actualmente se realizan las recepciones oficiales y bodas. Lo cierto es que no voy a entrar a valorar nada en lo referente a lo 'cultural' porque no tengo ni idea de este tema... Si queréis información más detallada, seguro que Google os puede ayudar :P.


Sala Gervais

Sala de los Ilustres
Sala de los Ilustres

Una vez finalizada la visita y habiendo dejado que la pequeña correteara un poco por las amplias salas (fuera llovía, ya dije antes que no funcionó lo de cruzar los dedos...), decidimos que era un buen momento para ir a comer; siguiendo el consejo de la guía, nos dirigimos a un sitio en el que, al parecer, se comía Bueno, Bonito y -relativamente- Barato; el lugar era en la planta superior del mercado municipal.

Curioso edificio de camino al mercado, al fondo

En la parte superior de este mercado hay varios restaurantes, uno pegando con otro y sin separación alguna entre ellos, todos con las mesas apiñadas y, si es hora punta, atestado de gente. Prácticamente todos los locales ofrecen lo mismo: un menú con varios platos a elegir y que costaban alrededor de los 13 euros por persona. Tras estudiar la logística con el cochecito (no había sitio físico para dejarlo), nos decidimos por uno de los pocos huecos que encontramos. No recuerdo exactamente el nombre, aunque sí que me acuerdo que era el último de los 4 ó 5 que había. Comimos razonablemente bien (para la pequeña llevábamos comida) y pudimos evitarnos el 'mal trago' de hacernos entender sin hablar francés ya que alguna camarera hablaba castellano. El cochecito tuvimos que cerrarlo y dejarlo debajo de la mesa!

Tras la comida, nos dirigimos hacia la basílica de Saint-Sernin; se trata de uno de los edificios de obligada visita en la ciudad y es una de las iglesias románicas más antiguas y grandes de Francia. Es una iglesia curiosa por la utilización de ladrillo y porque tiene añadidos de épocas posteriores, en función de las necesidades.



Una de las cosas más curiosas que tiene esta basílica es su campanario, de forma octogonal y de 64 metros de altura.




En esta iglesia fue donde me di cuenta de que me había dejado mi trípode (un GorillaPod) en casa... ohhh tragedia! Bueno, al final haciendo chapuzas lo pude solventar, no hay nada que objetos varios puedan ayudar a apoyar la cámara.

Al salir de aquí nos dirigimos a otro lugar religioso a mi parecer bastante más espectacular (sin desmerecer lo anterior!): El Convento de los Jacobinos. La nave principal es impresionante, con varias columnas de mármol que recorren el centro de la estancia y que llegan hasta el altísimo techo y de las que luego nacen numerosas nervaduras; en una de las columnas, nada más y nada menos que 22 nervaduras.





En su interior yacen las reliquias de Santo Tomás de Aquino, uno de los teólogos más importantes de la iglesia católica. 

La visita puede ampliarse visitando el claustro, la sala y capitular y algo más, pero como había que pagar, nosotros no entramos (la parte de la iglesia es gratuita).

Para finalizar el día, comenzamos el regreso hacia el hotel por un camino diferente al que tomamos para la ida, lo que nos permitió pasear bordeando el río Garona... y pasando frío...


Seguimos!



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